Cuando el jugador de turno desconoce la ubicación de las fichas no jugadas, no tiene el instrumental necesario para resolver correctamente las situaciones que se le presentan.
Como muestra de lo antes dicho, voy a referir lo que aconteció en días pasados. En un final de “mano”, le correspondía jugar al jugador “C”, quien tenía dos fichas el blanco-dos y el blanco-cuatro. Las puntas del dominó colocado en la mesa presentaban, por un lado un blanco, y por el otro un uno. Pues bien, “C” en lugar de colocar el blanco-cuatro, con lo que hubiera obtenido la victoria, colocó el blanco-dos y perdió la “mano”. Veamos a continuación cómo sucedieron las cosas.
A) Los antecedentes mediatos:
El jugador “A”, había insistido por dos veces con fichas del “palo” tres.
El jugador “B”, había insistido por dos veces con fichas del “palo” cuatro”.
B) Los antecedentes inmediatos:
En una de las puntas del dominó colocado en la mesa había un seis, y en la otra punta un uno.
Le correspondía jugar al jugador “A”, quien tenía dos fichas: 6/6 y 3/3, y colocó el 6/6.
Le correspondía jugar al jugador “B”, quien tenía dos fichas: 6/1 y 4/4, siendo de advertir que si utilizaba el 1/6 y “cuadraba” a seis, la “mano” se “trancaba”. Pues bien, “B”, consideró que la “tranca” no le era favorable (como era en efecto), y en consecuencia “cuadró” a uno.
A continuación le correspondía jugar a “C”, quien tenía tres fichas: 1/0, 0/4 y 0/2, y colocó “obligado” el 1/0.
De seguidas le correspondía jugar a “D”, quien tenía cuatro fichas: 0/0, 0/3, 1/3 y 2/4, y colocó el 0/0.
Acto seguido el jugador “A”, quien tenía una sola ficha, el 3/3 “pasó”. Inmediatamente después el jugador “B”, quien tenía una sola ficha, el 4/4 “pasó” también.
En su siguiente turno, el jugador “C”, quien tenía dos fichas: 0/2 y 0/4, colocó el 0/2, jugada incorrecta que significó la derrota en la “mano”.
C) Análisis de la jugada incorrecta:
Al colocar “C” el 0/2, permitió que “D” colocara el 2/4, con el consiguiente “pase” de “A” y la dominada de “B” con el 4/4, quedando en evidencia su desconocimiento de la ubicación de las fichas no jugadas.
De haber conocido “C” que el 4/4 estaba en poder de “B”, y el 3/3 en poder de su compañero “A”, la ficha que debía colocar era el 0/4. En cuyo caso, si “D” castigaba el cuatro con el 4/2, quedaría eliminado el 4/4, los jugadores “A” y “B” pasarían y dominaría la “mano” “C” con el 0/2. De no jugar “D” el 4/2, sino su otra opción, el 1/3, dominaría la “mano” el jugador “A” con el 3/3.
La mala jugada de “C” determinó la pérdida de la “mano”. Vale agregar, “C” quería ganar, pero no sabía cómo.
Quien llega al final de una “mano” y no sabe dónde están localizadas las fichas no jugadas no tiene como jugar bien. Y si lo hace, es por carambola, no por conocimiento.
“C” tenía la oportunidad de gana la “mano”, y no lo hizo. Al contrario hizo lo necesario para perder. ¿Por qué? Porque no sabía la ubicación de las fichas no jugadas. Así de sencillo…
En el dominó, amigos lectores, las jugadas no deben responder a un capricho, una adivinanza o un “cara o sello” Al contrario, deben estar fundamentadas en el conocimiento general de la Doctrina del Juego, y el particular de lo acaecido en la “mano” en desarrollo.
Cada jugada debe tener por causa las jugadas previas de todos los jugadores, tomando muy en cuenta la forma en que fueron hechas, esto es, “con pensada previa” o “sin pensada previa”.
Así, mediante el proceder ajustado a las directrices de la Doctrina del Juego, y el registro y recuerdo de todo lo sucedido en la “mano”, se logra el conocimiento de la ubicación de las fichas no jugadas. Se producen las jugadas correctas. Las jugadas buenas, las que hacen la diferencia entre quienes actúan como piratas, y quienes lo hacen con probidad y experticia.